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noviembre 25
Novena Navideña UCN

Con gran alegría y optimismo, ponemos en manos de toda la comunidad educativa de la Católica del Norte la Novena bíblica para Navidad, en la que sugerimos una serie de valores éticos y religiosos iluminados por la Palabra de Dios, los cuales serán motivo de reflexión y rescate por parte de la familia y del vecindario.

 
El panorama que nos presenta el actual contexto mundial y nacional es tremendamente desesperanzador. Con todo, no hemos querido enfatizar demasiado en los signos de muerte que nos rodean por todas partes, sino más bien incentivar en la conciencia de quienes celebran la novena, los deseos y anhelos de cambio a través de valores.
 
En la raíz de todo hemos puesto la esperanza como motor que nos impulsa y nos mantiene a flote para no naufragar en el tremendo mar del fatalismo. Estamos convencidos de que apostándole a la esperanza será más fácil caer en cuenta de todo lo que cada uno puede aportar en la búsqueda y consecución de todo aquello que en el fondo anhelamos: paz, justicia para todos, amor, solidaridad, unidad, perdón y reconciliación...
 
Esperamos que esta propuesta ayude a darle un sentido verdaderamente bíblico a la Novena de Navidad sin perder, por supuesto el sabor tradicional y el ambiente de hogar; y, además, confiamos que esta sea la oportunidad para inquietarnos con respecto a la continuidad con el estudio y con la reflexión bíblica a lo largo del año.
 
Te invitamos a compartis esta tradicional actividad con tus amigos y familiares desde el siguiente enlace:
 
 
NOTA: SE REPRODUCE MEJOR CON NAVEGADOR MOZILLA FIREFOX.
noviembre 13
La reconciliación nos lleva a la paz

​Por:  

John Anderson Murillo Escobar
Licenciado en Ciencias Eclesiásticas de la Universidad Pontificia de Salamanca en España
Asistente académico Facultad de Ciencias Eclesiásticas
Fundación Universitaria Católica del Norte
www.ucn.edu.co
 
Resumen: La reconciliación nos lleva a la paz es un pequeño artículo teológico que nos quiere llevar a meditar sobre la importancia de la reconciliación en nuestras vidas y de lo importante que es en el camino que nuestro país tiene trazado hacia la paz.
El ya hoy San Juan Pablo II siendo papa nos regaló una Exhortación Apostólica post-sinodal sobre la reconciliación y la penitencia; en su proemio nos dice:  “Hablar de reconciliación y penitencia es, para los hombres y mujeres de nuestro tiempo, una invitación a volver a encontrar —traducidas al propio lenguaje— las mismas palabras con las que Nuestro Salvador y Maestro Jesucristo quiso inaugurar su predicación: «Convertíos y creed en el Evangelio» esto es, acoged la Buena Nueva del amor, de la adopción como hijos de Dios y, en consecuencia, de la fraternidad.”[1]
La reconciliación es traducida por nuestros textos bíblicos como arrepentirse, hacer penitencia convertirse, cambiar de idea, cambiar de sentimiento; sin embargo desde nuestra perspectiva seguramente lo expresemos simplemente como perdonarse y perdonar en el sentido más profundo. Para uno reconciliarse es preciso haberse adherido algo o alguien, para volver es preciso haber tenido un punto de partida. Pero en sí ¿de dónde nos alejamos? nos podemos alejar de muchas partes y de muchas personas, pero en esencia nos alejamos primeramente de Dios, de nuestros hermanos e incluso de nosotros mismos, es por eso que la necesidad de reconciliarse con la comunidad y con Dios es evidente, es el restablecimiento de las nuevas y ya naturales relaciones, es así que el alejamiento del mal, del camino seguido hasta ese momento es el primer acto que prepara para la reconciliación.
No olvidemos nunca que la reconciliación es indispensable para el hombre, pero es imposible sin la ayuda divina, ya desde el AT los profetas tenían claro que la reconciliación no era una acción sino una cadena de acciones, un comportamiento, una vida que sin la ayuda divina era imposible (Jer. 24, 6), es Dios mismo el que acompaña al hombre.
Todo este proceso de examinarnos, reconocernos y cambiar nos llevará a un corazón nuevo; sin duda este aspecto misterioso de la reconciliación no escapó de los profetas, el cambio, la confesión y el alejamiento del mal no son cosas de poca monta; se trata de un cambio profundo e innovador, comprensible pero difícil de realizar, es por ello que  para llegar a una reconciliación antes se deba pasar por una auto-acusación, cosa que es muy difícil dado que cada uno quiere sacarse en limpio siempre.
            El anuncio gozoso de la reconciliación se encuentra en el centro mismo del Evangelio de Jesucristo, que es gracia y perdón, salvación y paz. Jesús mismo nos invita a la reconciliación en su predicación (Mc 1,15) pero le añade un matiz muy importante que encontramos en el texto citado y es “creed en el evangelio” es aquí donde nosotros debemos entrar en la escucha de la buena nueva del Evangelio que nos introduce en un diálogo enriquecedor para nuestra propia experiencia de perdón.
 
El papa Francisco inicia su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium con las siguientes palabras: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.”[2] Y es a esta alegría precisamente a la que nos lleva el perdonarnos y reconciliarnos con nosotros mismos. Así pues este don de la reconciliación, es el primer fruto de la redención. (Cf. PABLO VI, Paterna cum benevolentia (8-12-1974) II.)
 
            Podemos notar, estudiando la historia de la salvación que Dios, Padre Santo, que hizo todas las cosas con sabiduría y amor, y admirablemente creó al hombre, cuando éste por desobediencia perdió su amistad, no lo abandonó al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendió la mano a todos para que le encuentre el que le busca y viva con Él el que se convierta[3]. Con su paciencia ilimitada, su incansable fidelidad al plan de reconciliación, su admirable pedagogía con todas las generaciones, y con la palabra y llamada a la penitencia de los profetas, el Señor fue conduciendo a los hombres con la esperanza de la salvación[4], porque Él no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y vuelva a Él y viva.
 
“La Iglesia, «instrumento de reconciliación, paz y justicia» no puede ni debe buscar otra cosa que llevar a los hombres a la reconciliación plena. En íntima vinculación con la misión de Cristo, su misión se condensa en la tarea de la reconciliación del hombre: con Dios, consigo mismo, con los hermanos, con todo lo creado.”[5]. La Iglesia es sacramento de reconciliación, sobre todo por su existencia misma de comunidad reconciliada, que testimonia y representa en el mundo la obra de Cristo. «La Iglesia es por su misma naturaleza siempre reconciliadora, ya que transmite a los demás el don que ella ha recibido, el don de ser perdonada y hecha una misma cosa con Dios»[6]
 
No olvidemos que estamos en un país que se encuentra en diálogos de paz, la cual para muchos es tan solo una utopía y para otros es el objetivo a alcanzar después de una ardua conquista por medio de la reflexión. De todas formas la aspiración a la paz y la reconciliación sincera y durable es sin dudarlo un deseo de nuestra sociedad; pero la reconciliación, la paz  misma no puede ser menos profunda de cuanto es la división. Así pues la reconciliación nos lleva a la paz y nuestra paz está en Jesús. Sólo decidiéndonos a perdonar y auto-perdonarnos seremos capaces de vivir nuestra vida personal, comunitaria y eclesial en paz.  
 
Fuentes de consulta:
 Juan Pablo II Exh. apostólica post-sinodal sobre la reconciliación y la penitencia en la misión de la iglesia hoy. ( 2 de diciembre 1984) n°1
Francisco, Exh. Ap.  Evangelii Gaudium ( 24 de noviembre de 2014 ), 1
Instrucción pastoral acerca del sacramento de la penitencia de la Conferencia Episcopal Española del 15 de abril de 1989
 Juan Pablo II, Discurso en Liverpool (30 de mayo 1982).
 


[1] Juan Pablo II Exh. apostólica post-sinodal sobre la reconciliación y la penitencia en la misión de la iglesia hoy. ( 2 de diciembre 1984) n°1
[2] Franciso, Exh. Ap.  Evangelii Gaudium ( 24 de noviembre de 2014 ), 1
[3] Cf. Plegaria Eucarística IV.
[4] Cf. Plegaria Eucarística IV.
[5] Instrucción pastoral acerca del sacramento de la penitencia de la Conferencia Episcopal Española del 15 de abril de 1989
[6] Juan Pablo II, Discurso en Liverpool (30 de mayo 1982).
noviembre 13
Semana Bíblica virtual UCN, 2014

Por Gonzalo Rendón Ospina. FUCN

 
Acaba de concluir el mes de la Biblia, un tiempo en el cual la Iglesia y los cristianos buscamos un acercamiento más consciente y profundo a la Palabra de Dios. La Católica del Norte no es ajena a estos eventos eclesiales; por eso, queremos dedicar este espacio para reflexionar en torno al Libro del cual todos oímos hablar, pero que quizás sea importante empezar a conocerlo desde los detalles más simples; es decir, desde sus aspectos formales con el fin de que conociendo más su forma externa, nos sintamos motivados a “entrar” ahí para escudriñar su mensaje y, en definitiva, para encontrarnos allí con ese Dios en quien creemos y con su hijo, Jesús que nos lo ha revelado tal cual es Él.
Pertenecemos a una generación a la cual se le devolvió la Biblia, pero no nos entrenaron para recibirla ni para hacer el uso que de ella se puede hacer. Preguntarán muchos, ¿cómo así que a nosotros nos “devolvieron” la Biblia? Luego, ¿cuándo nos la habían quitado?
El tema es un poco largo de explicar; sin embargo, podemos resumir en unas cuantas líneas ese fenómeno. Las primeras generaciones de cristianos tenían una gran familiaridad y acceso a la Biblia; no había ninguna restricción para leerla; sin embargo, con el correr del tiempo, el idioma en que ellos la leían, fue cayendo en desuso. Ellos la leían en griego común. En lugar del griego común se fue imponiendo el latín, la lengua del imperio romano y, por tanto, la lengua oficial de la Iglesia.
En vista de que ya nadie entendía el griego común y que, por otra parte, una versión en latín que ya existía, no era del todo satisfactoria, se le ocurrió al papa Dámaso I (año 382) encargar a un monje de nombre Jerónimo que hiciera una traducción al latín vulgar (o común). Muy juicioso, Jerónimo se fue a Palestina y, como en una carrera contra el tiempo, tradujo toda la Biblia desde sus lenguas originales: el hebreo, el arameo y el griego. Esta versión se denominó “vulgata editio”, o simplemente “Vulgata”, que significa edición para el pueblo. De este modo se solucionaba el problema de la comprensión: la gente sólo entendía el latín, por tanto, ahora podía leer y escuchar la Palabra de Dios en su lengua.
Con el correr del tiempo, no obstante, también el latín cae en desuso; con el declive y posterior caída del imperio romano, el latín comienza a desaparecer como lengua común; cada una de las regiones que comprendía el imperio empieza a hacer uso de sus propias raíces lingüísticas, raíces quizás más antiguas que el mismo imperio, apareciendo así la cantidad de lenguas que hoy se conocen en Europa.
A pesar de todo, el latín continuó siendo la lengua “oficial” de la Iglesia (hasta el día de hoy), a ningún papa y a ningún Concilio se le ocurrió que ya era hora de autorizar nuevas traducciones de la Biblia; es más, en 1543, el Concilio de Trento determina que la Vulgata debía continuar como la única versión autorizada por la Iglesia. Hemos de entender que ya para este tiempo, ninguno, excepto algunos miembros del clero, entendía exactamente lo que leían, menos aún el pueblo.
Con la aparición de Martín Lutero, a quien el Concilio de Trento ya estaba excomulgando, y sus tesis de reforma, las cosas empiezan a cambiar de color. Una de las tesis del Reformador planteaba la necesidad de leer la Biblia en lengua vernácula; es decir, en la lengua de cada pueblo o región; pero además, planteaba Lutero, cada uno podía interpretarla a su manera; es lo que se conoce como el “libre examen”. Ante esto, la reacción de la Iglesia católica reunida en Trento, fue tajante. Se prohibía a los católicos intentar siquiera traducir la Biblia a su propia lengua y, por tanto, quedaba también prohibido a los cristianos interpretarla. A ese paso, es evidente que a nadie le interesaba tener en su casa un libro que no entendía.
Y así, continuaron las cosas por casi cinco siglos más. Fue sólo en 1943, más exactamente el 30 de septiembre, cuando el papa de entonces, Pío XII, recogiendo el sentir generalizado en la Iglesia católica según el cual era necesario acercarse al texto bíblico de manera crítica para extraer de él todo el sentido que encierra, autorizó e instó a los católicos a emprender con toda libertad ese trabajo mediante su encíclica “Divino afflante Spiritu”. La voz del papa llegó con muchos siglos de retraso, ¡pero llegó! Diez años más tarde, el Concilio Vaticano II a través de uno de sus documentos más importantes, la Constitución dogmática sobre la Divina Revelación, Dei verbum, declara que es una necesidad y una exigencia para todo creyente, el estudio y la profundización de cada uno de los aspectos de la Sagrada Escritura en orden a alimentar desde ella nuestra fe.
Como es lógico, la bandera en las investigaciones y descubrimientos en torno al texto bíblico la tenían, y la siguen teniendo, biblistas y eruditos pertenecientes a la Iglesia protestante que, a partir de la reforma o surgimiento del protestantismo, nunca tuvieron ningún tipo de restricción. Recordemos que Lutero, una vez excomulgado de la Iglesia romana, lo primero que hizo fue traducir la Biblia al alemán y empezar a repartirla a todos los fieles protestantes para que la tuvieran en sus casas y pudieran leerla sin limitación alguna. Esto mismo se hizo en todos los países a donde llegó el protestantismo.
En la Iglesia católica, a partir de la encíclica de Pío XII que ya mencionamos, aparece una primera traducción de la Biblia partiendo de sus lenguas originales (el hebreo, arameo y griego) al español autorizada por la Iglesia; sin embargo, la carrera de las traducciones de la Biblia, comienza más exactamente después del Concilio Vaticano II. Ya el pueblo podía escuchar la Palabra de Dios en su propia lengua y comienza la motivación para que todos tengan su propia Biblia. No hay que dejar de reconocer que es mucho lo que se ha hecho para lograr que todo cristiano conozca todo lo que debe conocer de la Biblia; sin embargo, es mucho lo que queda todavía por hacer. Veinte siglos de distanciamiento de la Biblia, no se superan en el lapso de una generación, se requiere mucho trabajo, mucho esfuerzo por parte de la misma Iglesia y, sobre todo mucho interés de cada creyente para lograr esa familiaridad y “amistad” con la Biblia.
Se entiende pues, por qué podemos decir que pertenecemos a una generación a quien se le “devolvió” la Biblia, pero aún nos falta mucho entrenamiento y mucho interés para lograr hacerla parte de nuestra vida.
En ese sentido pues, queremos proponer el inicio de un camino, el camino que todo fiel cristiano debe recorrer hacia el conocimiento, estudio y asimilación de la Biblia como la mejor herramienta para establecer, entender y comprenderse mejor a sí mismo, a los demás, al mundo y a Dios.
Para ello, nos parece que la mejor manera de empezar es conociendo lo más elemental de la Biblia para luego irnos sumergiendo poco a poco en lo más amplio y complejo, siempre con una actitud de fe y de esperanza; fe, porque de todos modos, en la Biblia está lo fundamental y esencial de nuestra fe; y esperanza, porque al final de todo, esperamos ese encuentro gozoso con el mejor papá de todos: el Padre de Jesús que nos ama por igual a todos y a todas.
Partamos pues, de los elementos más formales de la Biblia:
* ¿Qué es la Biblia?
Todos sabemos qué es la Biblia; sin embargo, no todos coincidimos a la hora de poner en común nuestra definición:
En orden a unificar hasta donde es posible la definición de Biblia, comencemos por señalar lo que NO ES la Biblia.
Qué NO ES la Biblia:
- No es un texto de ciencias naturales: por más que encontremos relatos de origen del mundo, del ser humano, de los animales, etc., en ningún momento el autor estaba empeñado en transmitir una “teoría” sobre el origen de las especies o cosa parecida; su intención era completamente distinta.
- No es un libro de historia universal: los primeros capítulos del Génesis nos hablan de origen de las diferentes razas, nos presenta una tabla de las naciones, etc., sin embargo con ello no intenta dar lecciones ni de historia, ni de geografía política, ni nada de eso; sencillamente, el autor quiere demostrar a los lectores de su tiempo cómo la historia del pueblo israelita está inserta en la historia de la humanidad, y en ella, la acción de Dios.
- No es un tratado de historia de Israel: a pesar de que prácticamente todos los relatos que nos narra la Biblia están en relación con el acontecer del pueblo israelita, no podemos pensar que la Biblia es una historia de Israel en el sentido que hoy entendemos la historia. Si miramos de cerca cada relato que parece histórico, nos sorprenderemos de la cantidad de anacronismos y divergencias, y esto no porque los editores no se hayan dado cuenta, sino porque así lo quisieron; ellos querían demostrar cómo en cada acontecimiento, el ser humano ha de tomar algún tipo de conciencia frente a Dios y frente a sus semejantes.
- No es un tratado de religión ni de moral: aunque hay cantidad de preceptos morales, normas religiosas, etc., no se puede equiparar la Biblia a un “curso” de religión (por la cantidad de imágenes o ideas de Dios) o de moral.
Para definir la Biblia comúnmente utilizamos expresiones como estas:
- Es la Palabra de Dios...
- Es un libro donde Dios nos habla...
- Es el libro sagrado de judíos y cristianos...
- Es una colección de libros...
- Es el libro que contiene todo lo necesario para salvarnos...
- Es un libro difícil de entender...
A pesar de que estas expresiones son ciertas, con ellas NO estamos diciendo TODO sobre la Biblia; apenas sí describimos algunos de sus aspectos, pero no la tocamos en su esencia.
Acordemos entonces, en definitiva, QUÉ ES la Biblia:
Un modo muy simple para definirla:
Una serie de recuerdos, reminiscencias, evocaciones e interpretaciones del pasado, que ayudaron a un pueblo -el pueblo de Israel- a comprender en cierta medida el presente, para soñar un mejor futuro.
Y este proceso no se hizo una sola vez, sino muchas... antes de Cristo y después de él.
En este sentido, la Biblia es una imagen de lo que nos sucede muchas veces a nosotros:
Ante una situación crítica (personal, familiar, comunitaria...):
Miramos hacia atrás, recordamos el pasado, pero muchas veces ese pasado ya no nos es completamente claro;  
Preguntamos a otros testigos directos de ese pasado, pero entre esos testigos no hay unanimidad de recuerdos; cada uno recuerda a su manera y de acuerdo a su propia experiencia los hechos del pasado;
La finalidad no es reconstruir el pasado objetivamente, sino hallar en el pasado algo que nos ayude a comprender, hasta donde es posible, el presente. Desde esta perspectiva, no hemos hecho historia, hemos interpretado la historia, hasta podemos decir, ahora sí entiendo lo que hace tanto tiempo no pude entender...
Con base en esto, es posible pensar en una o varias opciones para seguir adelante hasta que nuevamente nos topemos con otra encrucijada y de nuevo tengamos nosotros, o la generación que nos suceda, que volver a realizar el mismo ejercicio.
Más o menos esa es la dinámica que está detrás de toda la Biblia: un volver continuamente al pasado para reinterpretar el presente a la luz de nuevos acontecimientos.
Para nosotros como cristianos, Jesucristo es el acontecimiento siempre “nuevo” que ilumina tanto el pasado como el presente y el futuro de la humanidad. Ya los primeros cristianos entendieron que en él Dios se estaba manifestando tal cual es; que en él, la historia pasada marcada por el amor del Padre, adquiría nuevas luces, y que el futuro y el destino humanos era (y es) posible transformarlos a luz de su enseñanza y su testimonio....
En pocas palabras, entonces, la Biblia es un conjunto de testimonios escritos sobre las relaciones de Dios con una comunidad de fe; relaciones que a veces son muy nítidas, otras veces muy opacas, otras veces oscuras completamente; hay infidelidades, tropiezos, desvíos; pero siempre, por encima de todo hay algo: el amor y la fidelidad siempre perpetuos por parte de Dios. Y lo más interesante de todo: esa historia de relaciones es paradigma para la humanidad de todos los tiempos y culturas, por eso es importante que nosotros en esta época y en esta generación miremos hacia allá, para autodescubrirnos y para dejarnos abrazar por ese Padre amoroso que en su Hijo nos lo ha dado todo.
Otro elemento de tipo formal es la autoría de la Biblia:
* ¿Quién escribió la Biblia?
- Sería lógico pensar que si la Biblia es una colección de libros, cada uno debería tener la firma de un autor; o en algunos casos, un autor pudo haber compuesto varios libros, si no todos. En realidad no es así.
Como autor o autores de la Biblia debemos considerar en primera instancia a la comunidad. La Biblia comenzó como un proceso de comunicación oral; una tradición se transmitía de generación a generación oralmente, sólo después vino la escritura, la redacción y la edición final del texto tal como lo conocemos hoy.
De acuerdo con lo anterior, sólo en muy pocos casos se ha logrado establecer con cierta seguridad la autoría de algunos libros de la Biblia. Tal es el caso de unas cuantas cartas de san Pablo quien ciertamente acostumbraba firmarlas; sin embargo, bajo su nombre encontramos otras que hoy por la crítica interna se establece que son pseudoepígrafas. Lo mismo vale para otras como 1 y 2 de Pedro, Santiago, Juan.
En cuanto a los libros del Antiguo Testamento, podríamos decir, que algunos libros proféticos cuentan con la paternidad de algún autor; otros, como el caso de los cinco primeros que conforman el Pentateuco, que hasta hace unos años se le atribuían a Moisés, son en realidad el producto de varias escuelas o corrientes teológico-literarias; igual vale para los denominados “libros históricos”, hoy se ha comprobado que fueron compilados por una corriente teológico-literaria que los eruditos denominaron Deuteronomista.
En definitiva, entonces, la autoría de los libros de la Biblia es un tema un poco complejo; sin embargo, es verdaderamente apasionante porque podemos ir descubriendo cómo en la construcción de cada uno intervino el mismo pueblo, la comunidad creyente, lo cual nos hace caer en la cuenta de que, si bien decimos que la Biblia es la Palabra de Dios, también es justo decir que es palabra humana.
 
* ¿Cuándo se escribió la Biblia?
El proceso de la escritura de todos los libros bíblicos fue largo; la mayoría de estudiosos está de acuerdo en afirmar que dicho proceso comenzó más o menos entre los siglos XII y XI aC., y finalizó hacia el s. I dC. 
* ¿Cómo se escribió la Biblia?
En cuanto al “cómo”, es importante tener cuenta dos sentidos: en primer lugar los recursos materiales que se emplearon; y en segundo lugar, los recursos de forma o literarios. Todo lo que tiene que ver con los recursos materiales, lo podemos establecer a través de la paleografía; es decir, la disciplina que se ocupa de enseñarnos cómo nació y se desarrolló el proceso humano de la escritura, los materiales que se empleaban, la forma y característica de las letras, incluso las diferentes variedades de tinta y su fabricación, las plumas con que se escribía...etc.
Y con respecto a los recursos de forma o literarios, dicha tarea la adelanta la moderna ciencia de la crítica literaria.  
* ¿Dónde se escribió la Biblia?
La cuna que vio nacer la Biblia es lo que hoy conocemos como el Cercano Oriente o Asia menor; un territorio muy particular delimitado por Mesopotamia al norte; el norte de Egipto al sur; el mar Mediterráneo al occidente y el gran desierto siro-arábigo al oriente. Allí encontramos una porción de territorio que los antiguos denominaban Canaán y que luego los romanos, un poco antes de Cristo, denominaron Palestina; hoy por hoy ese territorio también se denomina Israel para los judíos, pero continúa llamándose Palestina para los árabes.
De todos modos, es importante aclarar que no todos los libros bíblicos se escribieron en Canaán, también hay indicios de que algunos se escribieron en Alejandría, en Asiria, Fenicia....
* ¿Para quién o quiénes se escribió la Biblia?
Es importante tener claro que la Biblia no se escribió para nosotros. Ningún autor bíblico se imaginaba siquiera que sus escritos iban a tener una trascendencia tan enorme. La Biblia se fue escribiendo poco a poco, para una comunidad concreta, con una cultura y unas costumbres muy propias de esa comunidad y de esa región. Cada escrito quiso responder a unas necesidades muy específicas que hoy sólo es posible descubrir a la luz de las ciencias auxiliares en las cuales se tiene que apoyar la investigación bíblica.
Si hoy nosotros sentimos que la Biblia nos pertenece, es porque somos herederos de la fe y las convicciones de los primeros discípulos de Jesús y de las comunidades que se fueron formando a la luz de esa fe. De ese modo, la Palabra de Dios contenida en la Biblia ha trascendido los límites no sólo geográficos, sino también los del tiempo.
¿Cómo debemos leer la Biblia?
Acabamos de decir que la Biblia no fue escrita para nosotros. Entre nosotros y la Biblia hay una enorme distancia en materia de tiempo, de costumbres, de cultura, de modos de ver al hombre, al mundo y a Dios. Por eso, la lectura de la Biblia exige un primer presupuesto: el de la fe. Luego, se hace necesario un proceso de conocimiento y de acercamiento a ella para descubrir, en primer lugar, el contexto social, político, económico, religioso, donde escribió cada libro; entender qué quiso decir el autor sagrado a los destinatarios de su tiempo para luego ver qué nos dice a nosotros hoy ese pasaje o ese libro.
Por todo lo anterior, el cristiano que quiere cada día madurar más su fe, encontrarse con Dios a través de su Palabra y, en fin, adecuar su vida al mensaje que ella guarda, sabe que ello sólo se logra a través de los grupos de estudio bíblico donde, al tiempo que recibe formación, se va capacitando también para adoptar alguno de los métodos de lectura provechosa de la Biblia.
 
- Materiales sugeridos para continuar el estudio personal.
Para un acercamiento inicial a la Biblia es necesario tener en cuenta:
González Echegaray, J. et al. (1990). La Biblia en su entorno. Colección IEB, 1. Verbo Divino, Estella (Navarra).
Artola, A.M & Sánchez Caro, J.M. (1989). Biblia y Palabra de Dios. Colección IEB, 2. Verbo Divino, Estella (Navarra).
Bagot, J-P. & Dubs, J-C. (2005). Para leer la Biblia. 8ª Ed. Verbo Divino, Estella (Navarra).
Könings. Johan. (2008). La Biblia, su historia y su lectura. Págs. 200 en adelante. Verbo Divino, Estella (Navarra).
agosto 15
Catequesis del Espíritu Santo

Iluminemos este momento, invocando al Paráclito que descienda sobre cada uno de los participantes que hoy quieren sentirlo en sus vidas, para que transforme aquello que impide tener una amistad eficaz con Dios.

Ven Espíritu Santo, envía tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si Tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
Amén.

 

Juan 14:15-21

15 Si me amáis, guardad mis mandamientos.

16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.

20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Reflexionemos:

Algunas veces en nuestras vidas hemos experimentado el miedo, que es quizás lo que los mismos apóstoles experimentan frente a eso que les ha dicho Jesus "No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros." Jn 14, 18 es aquí donde los discípulos se  encuentran con la respuesta que los tenía inquietos y van a abandonar ese miedo de quedasen solos,  Al reflexionar en el texto Bíblico vemos como el Evangelista da solución  tal vez a nuestra misma desesperación humana de no encontrar muchos respuestas a la vida,  de pensar que Dios nos ha abandonado que se ha ido al cielo, para nunca más volver y tenemos la respuesta en el evangelio "No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros." Jn 14, 18. Es la oportunidad para sentir que tenemos el amor de Dios que se nos entrega totalmente en nuestra vida y que en el Bautismo lo recibimos por primera vez y en el sacramento de la confirmación nos convertimos en verdaderos discípulos que llevan el mensaje de la Palabra y verdaderos discípulos.
Debemos de recordar que el Padre es el creador; el Hijo es que Salva y el (neuma) Espíritu es el que santifica.  Se nos es dado también los dones del Espíritu Santo  desde el momento en que nos convertimos en hijos de Dios. 

 

Oración al Espíritu Santo:

¡Oh Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios que me haga apartar de las terrenas.
Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de la verdad cristiana.
Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.
Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.
Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.
Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.
Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.
Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil
de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender,  al menos con mi ejemplo,  la belleza de tu doctrina,  la bondad de tus preceptos y  la dulzura de tu amor.

Amén.


Catequesis:

¿Quién es el Espíritu Santo?
"Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que "habló por los profetas" (Símbolo Niceno-Constantinopolitano: DS 150) nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos "desvela" a Cristo "no habla de sí mismo" (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué "el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce", mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17). CIC 687

SÍMBOLOS DEL ESPIRITU SANTO


El agua: El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que, después de la invocación del Espíritu Santo, ésta se convierte en el signo sacramental eficaz del nuevo nacimiento: del mismo modo que la gestación de nuestro primer nacimiento se hace en el agua, así el agua bautismal significa realmente que nuestro nacimiento a la vida divina se nos da en el Espíritu Santo.  CIC 694

La unción: El simbolismo de la unción con el óleo es también significativo del Espíritu Santo, hasta el punto de que se ha convertido en sinónimo suyo (cf. 1 Jn 2, 20. 27; 2 Co 1, 21).
Pero Jesús es el Ungido de Dios de una manera única: la humanidad que el Hijo asume está totalmente "ungida por el Espíritu Santo". Jesús es constituido "Cristo" por el Espíritu Santo (cf. Lc 4, 18-19; Is 61, 1). CIC 695

El fuego: Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la vida dada en el Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo. CIC 696

La nube y la luz: Estos dos símbolos son inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. CIC 697

El sello: es un símbolo cercano al de la unción. En efecto, es Cristo a quien "Dios ha marcado con su sello" (Jn 6, 27) y el Padre nos marca también en él con su sello (2 Co 1, 22; Ef 1, 13; 4, 30). CIC 698

La mano: Imponiendo las manos Jesús cura a los enfermos (cf. Mc 6, 5; 8, 23) y bendice a los niños (cf. Mc 10, 16). En su Nombre, los Apóstoles harán lo mismo (cf. Mc 16, 18; Hch 5, 12; 14, 3). Más aún, mediante la imposición de manos de los Apóstoles el Espíritu Santo nos es dado (cf. Hch 8, 17-19; 13, 3; 19, 6). CIC 699

La paloma: Al final del diluvio (cuyo simbolismo se refiere al Bautismo), la paloma soltada por Noé vuelve con una rama tierna de olivo en el pico, signo de que la tierra es habitable de nuevo (cf.Gn 8, 8-12).  CIC 701


En mi interior reflexiono: 


¿Cuándo he sentido en mi vida al Espíritu Santo?
¿Estoy convencido qué el Espíritu Santo es el que me santifica?
¿Conozco realmente a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad?
Pido con frecuencia al Espíritu Santo que me sostenga en la gracia de Dios…
Me he hablado del Espíritu Santo en mi familia, trabajo, estudio, etc.
Hablo constantemente de los dones del Espíritu Santo.
Conozco los frutos del Espíritu Santo…

 

mayo 23
RETIRO DE PENTECOSTÉS (50 DÍAS DESPUÉS DE LA PASCUA)

PONGÁMONOS EN LA PRESENCIA DEL PADRE, EL HIJO Y EL ESPÍRITU SANTO

En un momento de silencio, se entrega a Dios nuestras peticiones y la gracia de disponernos a recibir el Espíritu Santo en nuestro corazón.

 

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Espíritu Santo,

Amor del Padre y del Hijo

Inspírame siempre;

Lo que he de pensar,

Lo que he de decir,

Como lo he de decir,

Lo que he de callar,

Lo que he de escribir,

Lo que he de hacer,

Para obtener tu gloria,

El bien de las almas

Y mi propia santificación.

Amén

 

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Los dones del Espíritu Santo son regalos que Dios nos da para que los pongamos al servicio de la iglesia.

LEER PRIMERA DE CORINTIOS 12, 1-20 EN: http://biblia.catholic.net/home.php?tipo=subversiculo&id_lib=4&idcap=65&idver=954

 

Los siete dones del espíritu santo son:

Sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

 

REFLEXIONEMOS Y MEDITEMOS EN EL TEXTO

Conozcamos lo que significa cada uno de los dones ingresando al siguiente enlace: http://encuentra.com/el_calendario_liturgico/dones_del_espiritu_santo_14229/

1. ¿Qué nos dice el texto?

2. ¿Cómo podemos aplicarlo a nuestra vida?

3. ¿Qué me pide Dios para con mis hermanos?

 

CANTO AL ESPÍRITU SANTO

Anhelo conocerte Espíritu Santo

(Ver video: http://www.youtube.com/watch?v=4zq4pco06C4)

 

ORACIÓN FINAL

Oh Dios, que llenas los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; concédenos que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos con rectitud y gocemos siempre de tu consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén

febrero 13
TALLER DE CUARESMA 2013

 

 

ORACIÓN PARA PEDIR PERDÓN

 

Oh Dios, dame en esta hora la gracia de reconocer debidamente mis pecados ante ti, y de arrepentirme de ellos verdaderamente. Borra de tu libro, Señor de misericordia, mis múltiples acciones cometidas contra ti. Perdóname todas las distracciones en la oración, mis pecados de omisión, y mis pecados deliberados contra la conciencia.

 

Dame luz para ver lo que he de hacer, valor para emprenderlo y firmeza para llevarlo a cabo. Que en todas las cosas avance en la obra de santificación, de la realización de tu voluntad; y que en definitiva, por tu misericordia, pueda alcanzar la gloria de tu Reino Eterno, por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

CANTO EL ALFARERO

http://www.youtube.com/watch?v=NvSO8Ld9Vc4

 

El 13 de Febrero de 2013 comienza la Cuaresma con la imposición de la Santa Ceniza.

"La Cuaresma es una oportunidad para "volver a ser" cristianos, a través de un proceso constante de cambio interior y de progreso en el conocimiento y en el amor de Cristo. La conversión no se realiza nunca de una vez para siempre, sino que es un proceso, un camino interior de toda nuestra vida. " S.S Benedicto XVI

 

PARA VIVIR LA CUARESMA…

 

Oración

http://www.youtube.com/watch?v=d27g2Xd3BDg

 

Limosna

http://www.youtube.com/watch?v=9Tx_fhQM-yQ

 

Ayuno y la Mortificación

http://guia-catolica.blogspot.com/2010/07/que-es-el-ayuno-como-hacer-un-ayuno.html

 

Sacramento de la Reconciliación

http://www.youtube.com/watch?v=yWQTzgYhCfw

 

La Eucaristía

http://www.aciprensa.com/Eucaristia/queeucaristia.htm

 

En el marco del año de la fe, el Papa Benedicto XVI nos regala el mensaje para el tiempo de Cuaresma, una invitación a revivir la fe en Jesús y el amor por los hermanos. Aquí

 

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